El comienzo: aprender haciendo
Hay algo en los comienzos que siempre marca el tono de todo lo que viene después. En el caso de Garra, ese inicio no fue perfecto, ni planificado, ni siquiera del todo consciente. Fue más bien una mezcla de intuición, urgencia y curiosidad.
Todavía estaban estudiando cuando apareció el primer cliente: uno de los boliches más exclusivos de Argentina. No sabían usar bien las herramientas, no tenían experiencia real, pero sí una certeza —había que resolverlo. Pasaron un día entero mirando videos, probando, equivocándose, entendiendo sobre la marcha. Así empezó todo: haciendo.

De la intuición al sistema
Ese hacer, con el tiempo, se fue ordenando. La facultad les dio estructura, procesos, una forma de pensar el diseño desde lo proyectual. Pero fue el trabajo real —el contacto con marcas, con clientes, con decisiones concretas— lo que terminó de expandir esa mirada. Porque diseñar, entendieron, no es solo diseñar.
Es estrategia, es producto, es negocio, es narrativa. Es un sistema.
El nombre como declaración
Garra nace también desde ahí. Desde sus apellidos —García y Ramos— pero, sobre todo, desde lo que la palabra implica. Esa fuerza, esa insistencia, esa forma de sostener las cosas incluso cuando todavía no están del todo claras. Es lo que intentan poner todos los días en su trabajo. Y también fuera de él.


Diseñar con intención
Con el tiempo, su forma de entender el diseño se volvió más profunda, pero también más amplia. Diseñar con intención, dicen, no es solamente crear algo que funcione o que se vea bien. Es meterse dentro de una marca. Entenderla desde adentro: quién la crea, quién la consume, qué busca, qué podría llegar a ser.
Porque una marca, si quiere sostenerse, no puede depender solo de lo estético. Necesita una idea clara. Una lógica. Una estrategia que la atraviese y la ordene.
Y esa estrategia no aparece de golpe. Se construye.
Traducir lo intangible
Hay algo casi invisible en ese proceso: la traducción de lo intangible. Las ideas no llegan cerradas, ni listas para ejecutarse. Se van armando en capas. Primero aparecen conceptos más amplios —ideas madre— que luego empiezan a tomar forma.
Se convierten en símbolos, en decisiones, en códigos. Y, poco a poco, terminan configurando un sistema que se expande en todo: en la voz, en la imagen, en la actitud, en las personas.
Nada queda por fuera.


Antes de diseñar, entender
Esa forma de trabajar también explica por qué el momento inicial —el de investigación, análisis, conversación— es tan importante para ellas. Antes de diseñar, hay que entender. Entender de verdad. El contexto, el negocio, la cultura de la marca.
Recién después, construir.
Un trabajo en conjunto
En ese recorrido, cada una fue encontrando su lugar. Sol desde la organización, la comunicación, el vínculo. Desde una escucha atenta, paciente, cercana. Julia desde lo estratégico, lo direccional, la mirada más estructural del proyecto.
Dos roles distintos, pero una lógica compartida.
Porque si algo sostienen, es el trabajo en equipo. No solo entre ellas, sino como forma de pensar. Diseñar en conjunto les permite salir de la propia cabeza, tomar distancia, ampliar la perspectiva.




Inspiración y cuerpo
La inspiración viene de afuera, pero la creatividad sale de adentro. Nosotras trabajamos esa creatividad. Nos conecta mucho la naturaleza, somos muy activas, nos gusta movernos, hacer cosas. Sol es profesora de yoga y Julia disfruta de todo tipo de deporte.
El diseño como parte de algo mayor
Con el tiempo también cambió nuestra forma de pensar el diseño. Hoy lo entendemos como algo más universal. El diseño no es todo: es una parte de un sistema más grande. Es una herramienta para ayudar, para comunicar, pero tiene que convivir con muchos otros factores. Tiene que pensarse de manera multidisciplinaria, lo más holística posible. Antes todo estaba más fragmentado; hoy todo tiende a integrarse, y la tecnología también empujó ese cambio. Igual, siempre volvemos al papel y al lápiz: ahí conectás con algo más interno. La computadora muchas veces te lleva a lo racional; lo emocional aparece más fácil en lo analógico.
Cuando el diseño realmente ayuda, es un orgullo. Pero siempre depende del sistema completo. Si vas a un restaurante increíble, con una marca espectacular, pero te atienden mal, todo se resignifica. Esa experiencia termina opacando cualquier intención conceptual o estética.
La variedad de marcas siempre nos atrajo. Nos da dinamismo y nos permite aprender de un rubro para aplicarlo en otro. Es algo muy nutritivo. Quedarse en un solo rubro puede ser más seguro, pero a nosotras siempre nos interesó explorar. Con el tiempo, igual, fuimos encontrando ciertas áreas donde nos sentimos más identificadas.
A quien esté empezando, le diríamos que empiece. Que mande mensajes, que ofrezca sus servicios. No hay que esperar a tener el portfolio perfecto. Siempre sos principiante en algo. Hoy hay mucha información, pero también mucha ansiedad y poca tolerancia a la frustración. Nadie viene a buscarte: hay que salir, arriesgarse. Es eso.
